Exposición: “Leer y leer: lecturas de Cervantes y lectores del Quijote”

En el Museo Lázaro Galdiano, en calle Serrano 122 de Madrid

La Directora del Museo Lázaro Galdiano, Elena Hernando y el Comisario de la exposición Juan Antonio Yeves

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La Directora del Museo Lázaro Galdiano, Elena Hernando y el Comisario de la exposición Juan Antonio Yeves (Autor: José Belló Aliaga)

Exposición: “Leer y leer: lecturas de Cervantes y lectores del Quijote”

Hasta el día 14 de septiembre de 2015, con entrada gratuita

Por José Belló Aliaga

jueves 09 de julio del 2015, 20:54h

 

 

 

Se ha presentado a los medios de prensa, en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, situado en la calle Serrano número 122, la exposición: “Leer y leer: lecturas de Cervantes y lectores del Quijote”, con las intervenciones de la Directora del Museo, Elena Hernando y el Comisario de la exposición Juan Antonio Yeves. La exposición podrá ser visitada hasta el día 24 de septiembre de 2015. La entrada es gratuita.
  • Cartel de la exposición 

  • El Amadís de Gaula, representación de las novelas de caballería que enloquecieron a Alonso Quijano 

  • Orlando furioso de Ludovico Ariosto 

  • Los diez libros de la Fortuna de Amor de Antonio de Lofraso 

  • Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Alonso Fernandez de Avellaneda, (seudónimo), editado en Tarragona en 1614

  • La liberación de los galeotes: escena del Quijote, de Daniel Urrabieta Vierge (1851- 1904). Dibujo a tinta y aguada sobre papel, ca. 1875

  • Segunda Parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (1547- 1616), en Madrid: Juan de la Cuesta, 1615

  • La liberación de los galeotes: escena del Quijote, de Daniel Urrabieta Vierge (1851- 1904). Dibujo a tinta y aguada sobre papel, ca. 1875

 
El Comisario de la exposición Juan Antonio Yeves
El Comisario de la exposición Juan Antonio Yeves (Autor: José Belló Aliaga)
La exposición traza un recorrido que permite conocer títulos que inspiraron a Cervantes, así como extraordinarias ediciones del Quijote que son reflejo de la pasión que sentía José Lázaro por esta obra, especialmente por aquellas publicadas en vida del escritor.

Lecturas de Cervantes
La muestra comienza con el Amadís de Gaula, representación de las novelas de caballería que enloquecieron a Alonso Quijano. “Estos libros le sirvieron al ingenioso caballero para desterrar la melancolía, cuando la tuviere, y para mejorar su condición, si acaso la tuviese mala”, señala el comisario, Juan Antonio Yeves.

Asimismo, se expone en este apartado inicial una representación de otros géneros que el cura y el barbero salvaron en el «donoso y grande escrutinio» que hicieron en la librería de don Quijote: desde Los diez libros de la Fortuna de Amor de Antonio de Lofraso y El pastor de Philida de Luis Gálvez de Montalvo, hasta el Orlando furioso de Ludovico Ariosto o La Austriada de Juan Rufo.

A continuación, el Quijote de Avellaneda cierra este primer ámbito dedicado a recordar las lecturas de Cervantes. “Digno remate es el otro don Quijote, el de Avellaneda, que se había disfrazado y corrido por el orbe, hasta que el de Cervantes apareció de nuevo y se calzó las espuelas en la Segunda parte para quitar el «hámago y la náusea» que había causado aquel”, apunta el comisario.

Lectores del Quijote
Tras este preámbulo, el visitante podrá contemplar un buen número de las ediciones del Quijote que atesoró José Lázaro Galdiano, quien manifestó especial predilección por aquellas que se habían publicado en vida de Cervantes. En la colección existen varios ejemplares de las ediciones de 1505, de una de las de Lisboa, de la segunda de Madrid, de la de Valencia y en algún caso copias por duplicado, como ocurre con la de Bruselas de 1607 o Milán de 1611, buena prueba de la acogida por parte del público y del inesperado éxito de la obra.

Primera edición de la Segunda parte, impresa en 1615
También se encuentra la madrileña de Juan de la Cuesta, de 1608, tal vez corregida por Cervantes, y la primera edición de la Segunda parte, impresa en 1615, con una estructura literaria más cuidada, tal vez para demostrar quién era el verdadero autor porque el año anterior había publicado aquel segundo tomo el falsario Alonso Fernández de Avellaneda. En la portada se mantiene el gran escudo del impresor y no solo en este detalle, también en la composición tipográfica se aprecia una decidida voluntad de relacionarla gráficamente con las tres ediciones anteriores de la primera parte realizadas en Madrid por Juan de la Cuesta –las dos de 1605 y la de 1608–, mientras que el segundo tomo de Fernández de Avellaneda quedaba vinculado a la edición valenciana de la primera parte.

A pesar del empeño del autor, la primera edición de esta Segunda parte se hizo con tipos gastados, tintas deficientes y mal papel e incluso se aumentó la caja de texto con dos líneas más por página que en el primer tomo, dando como resultado una edición descuidada y con más erratas. Eso sí, tiene el mérito de completar las aventuras iniciadas por el ingenioso hidalgo, que ahora aparece como ingenioso caballero.

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